miércoles, 6 de abril de 2011

Del paradigma y la esencia del líder

Una de las frases más importantes para mí que he escuchado de Steven Covey, es que la falla no está en la conducta, ni en la actitud, sino en el paradigma que nos lleva actuar. Esto me llevo a reflexionar sobre el esfuerzo que a veces debemos hacer para cambiar algo de los comportamientos que incomodan tanto a sí mismo como a los demás. Mucho tiempo me pregunté el por qué conocía tantas personas –incluyéndome- que a pesar de la voluntad por cambiar o de la disposición de querer amar, nos costaba tanto esfuerzo y con tan pocos resultados personales. Me decía: ‘pero por qué sucede esto, si a nuestro alrededor hay tanto amor, nos quedamos tan pegados en lo que no nos gusta?’ Esta reveladora afirmación me dio una gran parte de la respuesta, pues es muy lógico, por más que intente cambiar mi actitud hacia los o lo demás, los resultados apenas si serán visibles porque estaría realizando unos cambios de comportamiento externos, de aceptación, no vendrían de adentro, sino como reflejo del exterior.

Wuaw! cómo no lo había visto antes? Se puede discutir tanto como se quiera de los prejuicios, pero es que la raíz de todo prejuicio es el paradigma! Es el peligro de pensar de una sola forma o maneras determinantes. Son tan peligrosos los paradigmas que llegamos a construir o creer para condicionar las conductas del ser humano, que pareciera que son éstos los que conducen por toda la historia los más atroces apasionamientos del ser humano en la pretenciosa y perturbada ambición de poseer una verdad absoluta.

El reconocimiento de los paradigmas que cargamos, son la clave para empezar la transformación de los valores que nos rigen, hacia la realidad de esos principios fundamentalmente universales que suelen verse como utópicos por el deterioro de la humanidad. Sin embargo, creo de convicción en las posibilidades de la esperanza, en esa profunda luz que por más racionalizada que esté, siempre tendrá que estar presente como esencia de la humanidad.

Los grandes líderes -que nunca empuñaron un arma- a los que ha llamado la historia, pudieron desarrollar (pese a sus contextos conflictivos), la capacidad de potencializar esa luz en multitudes de personas y dejar como legado la realidad auténtica de vivir principios basados en la libertad del amor al prójimo y la paz del espíritu o alma.

Tal idoneidad habita en cada ser, y el legado de estos líderes ocurrió gracias a los seguidores que de la mano lideraron el camino; que de la mano fueron destruyendo paradigmas, para reemplazarlos por la vida que hace la vida. Ésta debe ser la esencia de cada líder.
DMGR

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