domingo, 13 de mayo de 2012

ES POSIBLE UNA VICTORIA PÚBLICA ANTES QUE UNA VICTORIA PRIVADA?



La gran ilusión de todos los padres es que su hijo tenga éxito en la vida, y para ello, hacen todos los esfuerzos posibles para llevarlos por el camino que los debe conducir hacia él. 

Pero….esos esfuerzos están encaminados en la dirección correcta ?  Se les matricula  en los mejores colegios y esperan que ingrese a la mejor universidad y ya con su título en mano consigan un muy buen empleo. Con eso los padres consideran que han hecho lo mejor para sus hijos. Y de ahí en adelante  se sienten  libres de toda responsabilidad. Que falacia…

De ninguna manera se puede poner en duda la importancia de la educación y menos que sean productivos para la sociedad. Lo que si se pone en duda es que se ha invertido el orden de los factores y aquí  tenemos que aceptar que el orden de los factores sí altera el producto y de que manera pues colocamos lo segundo de primero y lo primero de segundo. Para explicarlo mas claramente, que mejor que la historia de la planta de bambú.

El bambú es una planta que al sembrarla estando aún muy pequeña, se toma hasta cuatro o cinco años en crecer unos diez centímetros. Es tanta la demora que para aquel que no conoce el proceso que está llevando cabo la planta, se desespera y quiere  arrancarla porque no la ve crecer. Pero en verdad que proceso está viviendo la plantica ? que está sucediendo al interior de ella ?

Sencillamente la planta no está creciendo hacia afuera, lo está haciendo hacia el interior de la tierra, está afianzando sus raíces para  después sí  hacerlo hacia afuera como en efecto lo hace . Así, después de haber cumplido su “ formación interior” léase Victoria Privada entonces la vemos crecer a una velocidad pasmosa.  Ahora tiene nutrientes suficientes y una fortaleza que muy difícilmente otra planta puede derrumbarla. Ni con el trajín que le dan los osos Panda que se alimentan de ella. Con este símil podemos entender que la formación de las personas especialmente cuando se trata de la búsqueda del éxito y la felicidad, nada se alcanza, nada se logra mientras las “raíces” es decir los tres primeros hábitos de Covey no se apliquen en su totalidad. Sin ellos funcionado en toda su plenitud tendremos que decir como la canción: solo cenizas hallaras….  

2 comentarios:

  1. En diversas y antiguas historias religiosas se habla de mucho de construir la casa sobre roca, para que perduren sus cimientos.

    Hoy en día se habla de que las personas debemos estar preparadas para gestionar el cambio, que la tecnología se transforma hasta 100 veces más rápido que años atrás, que fácilmente nuestros conocimientos pueden quedar obsoletos si no tenemos el hábito del aprendizaje continuo.

    Pero todo lo que aprendamos o experimentemos a nivel profesional u ocupacional, se pone sobre nuestros cimientos personales, sobre lo que somos. Así que si tenemos unos malos cimientos personales, así construyamos el más hermoso castillo, este va a ser tan frágil como un castillo de naipes o de copas de champaña.

    Unos adecuados cimientos personales, basados en una forma de relacionarnos enriquecedora, respetuosa y responsable con quienes están a nuestro alrededor, la capacidad de reflexionar y aprender de nosotros mismos, de fijarnos un norte propio que nos apasione y motive, con la capacidad de coordinar nuestro querer hacer, poder hacer(saber y tener lo necesario) y actuar en consecuencia, son importantes para no construir nuestro castillo sobre arenas movedizas.

    Trabajar en nuestras raíces, en nuestros cimientos, quiere decir construir nuestra vida con sabiduría y para eso si que debemos prepararnos, probablemente con un conocimiento que no se va a encontrar presentado como vienen los sabrosos sobrecitos de caldo de gallina, u otros tantos alimentos preparados que se consiguen por ahí. O retomando el ejemplo de construir sobre la roca, probablemente no venga en un prefabricado.

    Es más, probablemente, ni siquiera se pueda conseguir algo ya terminado. Si mucho algunas recetas o diseños que podrían funcionar siempre que cada cual ponga en la preparación, sus propios ingredientes personales y vaya mezclando todo a su gusto, hasta encontrar el punto done quede satisfecho y pueda gustar a los demás inevitables comensales.

    Y especialmente, a cada cual, nos corresponde la responsabilidad de vivir esa construcción, esa preparación, de modo que construir bien nuestros cimientos, no puede ser sino con la vivencia de los principios universales de convivencia y con nuestra completa participación y experiencia.

    Esto no asegura una vida sin pruebas, sino que nos dotará de un carácter sabio y prudente, cuya vida trascienda, que dure como las antiguas casa de bareque, fuertes aunque arrecie la tormenta, aunque el paisaje a su alrededor cambie.

    Si construimos con conciencia sobre la Roca, sobre las raíces, a a pesar de las contrariedades, sinsabores, fracasos, dudas, penas, decepciones, desilusiones, amargura, oscuridad, injusticias etc. nada ni nadie nos derrumbará.Y puede que allí esté la felicidad de cada cual, no esperando en algún supermercado o almacén a ser comprada.

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  2. Eso pasa cuando buscamos (como mayormente se hace) la felicidad y el éxito afuera de, en el mundo, en el otro, ignorando por completo que se encuentra dentro de nosotros, en nuestro interior, nuestra espiritualidad. Basta no más, saber de alguien en cuya pared no cabe un título más, un premio más y aun así se siente vacío, incompleto y deteriorado como persona. Por supuesto que la educación es importante pero como dice Gildardo cuando cambiamos los factores el resultado dista mucho de ser el mismo cuando de la vida se trata.

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