martes, 13 de julio de 2010

EL CODIGO MOISES


Hablar del código Moisés que parece todo un misterio nos lleva al tema del poder que tienen las palabras, la gran energía que se libera cuando hacemos uso de este atributo que solo tenemos los seres humanos, ningún otro animal en el planeta, hablar.

Para mí, mantener mi espiritualidad es muy importante, he tenido la oportunidad de escuchar “verdades” de diferentes iglesias, me frustra y me confunde mucho ver como por religión, se pelea, se excluye a personas, como en nombre de Dios los seres humanos se han asesinado, pero cuando vamos a la base, a los fundamentos, todas las religiones nos llevan a un principio universal, el amor, el amor a Dios, el amor a nuestro prójimo y a lo que nos rodea.

Entonces, hemos sido nosotros quienes hemos tergiversado el mensaje y lo hemos acomodado a nuestras necesidades y beneficios, creamos características humanas para Dios, entonces es bueno, a veces no tanto, depende de lo que nos suceda en nuestra vida, se enoja, en fin, todo depende de cómo lo veamos nosotros.

Pero, cuando sentimos la presencia de Dios nos damos cuenta que está en cada uno de nosotros, no necesito buscarlo en otra parte, porque sé que está en mí y en todo lo que me rodea, cuando veo el sol, un árbol, una flor, un rio, a otra persona, todos hacemos parte de Dios. Cuando oramos, cuando meditamos, cuando estamos en estados de calma, podemos percibir su presencia aún más.

Cuando entendemos que somos parte de un todo y que estamos unidos, evolucionamos en nuestra forma de ver el mundo, porque no voy a hacer daño a algo que hace parte de mí, si veo con amor a otros, no los juzgaré ni me llenaré de prejuicios, porque sé qué hacemos parte de un todo.

Ah!! Pero como podemos hacer parte de un asesino, de un abusador de niños, nadie lo quiere! estas personas están en total desunión con el universo, con los que los rodea, y su falta de amor, los lleva a cometer todo tipo de acciones contra su entorno, no quiere decir que lo justifiquemos, solo que si como seres humanos, entendiéramos que somos una unidad, que cuando hacemos daño a otros nos lo hacemos a nosotros mismos, que cuando dañamos nuestro planeta y explotamos los recursos naturales de manera tan sangrienta, estamos exterminando a nuestra propia especie, si logramos entenderlo, viviríamos en un mundo mejor, en paz y armonía, respetándonos unos a otros.

Las palabras que Dios le dijo a Moisés fueron “yo soy el que soy”, conocedores del tema, dicen que traduce “yo soy aquello, yo soy”. Este es el código, tenemos la oportunidad de ser “aquello” si lo deseamos. Tenemos la oportunidad de visualizar lo que queremos y de conseguirlo si lo pedimos al universo y si estamos convencidos de que así será.

En muchas prácticas orientales se utilizan los mantras, que son sonidos repetitivos que nos llevan a elevar nuestros niveles de energía.El decir “yo soy aquello, yo soy” después de haber visualizado lo que queremos es un gran mantra, pero no se trata solo de visualizar cosas materiales, no funciona como si visualizo un carro, repito las palabras y aparecerá de la nada.

Va mucho más allá, los seres humanos tenemos la capacidad de convertirnos en seres completos, vivir plenamente, ser, nos hemos concentrado en tener. Al ser recibimos la manifestación de la presencia de Dios, no hay que intentar traer cosas, la manifestación de objetos por si solos no nos darán tranquilidad y una vida plena, si estamos abiertos al amor, si damos a otros, entendiendo que somos una unidad y que cuando damos nos estamos entregando eso también a nosotros mismos, recibiremos.

Cuando entregamos cosas buenas, recibiremos de lo mismo, así, cuando damos odio, rencor, envidia, nos será entregado todo aquello.

Este es un tema que puede parecerle complejo a muchos, porque simplemente están cerrados a creer en el amor y la unidad y el poder que tiene esto sobre nosotros. Pero es importante comprender que cuando estamos en sintonía con el universo, todo se hace más fácil, si estamos inmersos en el ego, solo nos interesa recibir, pero cuando decidimos ir más allá y dar, sin esperar nada a cambio, recibiremos.

Abramos las puertas de nuestro corazón, digámosle si al universo, empecemos ese viaje para sentirnos completos y plenos con nuestra vida, que si lo aceptamos, Dios habilitará los recursos para que lo consigamos.

Carolina V.

Click aqui para ver este documental.

1 comentario:

  1. Religiosos o no, ya sea desde el cristianismo, budismo, confusionismo, santería, nósticos, islám, hare krishna, luteranos, sionismo, yoga, judaísmo, masonería, new age, hasta para un materialista desde la física cuántica, y un enorme etcétera, ya no solo es por un acto de fé que podemos creer confiadamente en el poder de Dios con (d pequeña o grande) o de la energía del universo (que para mí viene siendo lo mismo) para qué las personas puedan lograr sus metas y deseos personales y unirse a toda la humanidad.

    Todos tenemos un faraón interno que es nuestro intelecto y que se ha formado con todo lo que hemos aprendido y hemos acordado con el exterior y por el cual conocemos nuestra vida tal como es. Y tenemos una parte que es nuestra esencia, la que está conectada con Dios y es una pequeña parte de él, es nuestro verdadero ser y que quiere crecer, cambiar y trascender.

    Pero allí está nuestro faraón interno y temeroso, que prefiere amontonar problemas y sufrir hasta que llegan a ser tantos que reboza de estos, y es nuestra esencia quien debe arriesgarse y decirle: oye, déjame ir hacia allá donde es mejor. Y el faraón se lo permite.

    Y ese viaje de nuestra esencia requiere tiempo, pero debemos sumergirnos en este viaje para poder ser. Somos padres, somos hijos, somos esposos, empleados o empresarios, pero todas estas están unidas a nuestra esencia que es nuestra identidad central y la cual es única y a diferencia de nuestro faraón, nos impulsa hacia ser nosotros mismos y hacia la grandeza, que no es más que la capacidad y la voluntad de servir amorosa y desinteresadamente.

    Pero para poder reencontrarnos con nuestra esencia debemos dejar en silencio a nuestro faraón, para así poder escuchar nuestra voz verdadera. Y cuando nuestra voz empieza a hablar, nos llama a servir mejor a nuestro cuerpo, a nuestra familia, a nuestro trabajo y a todas las personas que nos rodean.

    Se trata de alinear el corazón con el faraón, es decir, alinearnos con la voluntad de Dios. Y cuando estemos en este camino, nos vamos a sentir más vivos que nunca.

    Para escuchar nuestra voz, llamémosla a través de nuestras palabras, repitámonos que somos seres amorosos, capaces de todo, que somos todo aquello que vemos y que por tanto todo debe ser tratado con amor y que todo está a nuestro alcance, hasta que grabemos esto en nuestro faraón, que a veces se olvida de nuestra esencia porque vive poco relajado y sin energía.

    Todos sentimos que no podemos hacerlo cuando somos llamados por nuestra esencia, pensamos que no estaremos a la altura, que no tenemos lo que nos hace falta. Y por esto nos indisponemos, dudamos y nos alejamos.

    Enchufémonos a nuestra esencia, está en nuestras manos entrar a un mundo nuevo.

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